La Academia de ‘Elite’: una perspectiva

Elite Academy

Está comúnmente aceptado que una Academia de Elite (AE) es aquella de la que surgen grandes jugadores, que tiene magníficas instalaciones, perfectos campos de juego, entrenadores con titulación federativa de nivel más alto, que gana muchas competiciones,…

Pero, realmente es ello suficiente para decir que una academia de fútbol es de “elite”? Consideramos que absolutamente NO (sentimos dogmatizar en este caso).

Desde nuestra percepción una AE es aquella que aplica los óptimos procesos de calidad en cada nivel de intervención. Esto significa que toda AE debe disponer de un “modelo” de formación elegido y establecido a partir de las peculiaridades sociales, culturales, deportivas,… propias de la entidad y de la percepción que los responsables tienen sobre la educación, formación, relaciones personales, etc. Es decir, se relaciona tanto o más con la “formación holística” como con el Fútbol.

En estos momentos encontramos diferentes tipos de AE y que podemos clasificar de la siguiente forma:

  • Explotadora: buscan disponer de “equipos fuertes” para poder “ganar”
    cuantos más torneos mejor desde las edades más tempranas.
  • Afinadora: su objetivo principal es “adquirir” jugadores de alto nivel en edades entre los 14-­‐17 años que destacan claramente y que puedan ocupar o “clonar” posiciones de juego que interesa cubrir en el primer equipo a medio­‐largo plazo.
  • Formativa: su ámbito de acción es de “largo o muy largo plazo” dirigiéndose a dar mayor importancia a la fase más influyente del desarrollo humano y asegurando el pleno “respeto” por el SER en desarrollo.

Cualquier AE puede ser mixta, con características más acentuadas de un tipo u otro de los anteriores, pero consideramos de mayor valor la que incorpora las características del tipo “formativo”.

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Entendemos que toda AE debe ser vista como el “entorno” que nutrirá de la mejor forma el potencial individual para progresar según el ritmo de cada cual, NUNCA el impuesto por intereses ajenos al SER en formación. No podemos admitir que se anteponga el interés de los equipos de cada categoría de edad por destacar y que ello suponga un “ahogo” de la individualidad. Así pues, ante todo, exige de un “respeto a la individualidad”, mayor cuanto menor sea la edad, la cual se consigue en buena medida disponiendo de lo que hemos denominado el PVDI (Plan de Vida Deportiva Individual).

Por otro lado, la AE no puede ser una “factoría mecanizada” en la que se eliminan las características y necesidades individuales. Todo lo contario, debe ser el lugar donde se potencie a cada cual a partir de sus cualidades, (Diapositiva del edificio de la escuela) favoreciendo así la adquisición de una “cultura deportiva” propia en la que todos han aportado algo. Esta acción exige la participación unificada de todos los agentes que tienen contacto con el niño como pueden ser los managers, entrenadores, auxiliares, asistentes, parientes, medios de comunicación,
… pues no podemos arriesgarnos a transmitir mensajes diferentes, incluso contrarios, según con quién esté el niño en cada momento.

El proceso de formación como proceso pedagógico

Instaurar un aprendizaje sólido, eficaz, necesita de conocer lo mejor posible
al aprendiz y dominar aspectos metodológicos que aseguren la eficacia de lo aplicado.

El objetivo de cualquier proceso de formación es el de asegurar el aprendizaje óptimo del aprendiz, siendo la metodología el medio y la “luz” que nos guía en la aplicación “cualitativa” de los procesos. Debemos entender con absoluta convicción que nosotros, como técnicos o formadores, no somos los “VIP”, éstos son los aprendices como clientes a los que debemos adaptarnos y fidelizar para que persistan, así pues no se trata de disponer de perfectas planificaciones o contenidos elaborados “para enseñar”, pues el aprendizaje es el referente de lo que debe aportar la enseñanza y nunca al revés, lo cual implica respetar al aprendiz, sus necesidades propias de juego, de disfrute, de nivel de desarrollo,… del aprendiz sin renunciar a la exigencia, disciplina, responsabilidad, compromiso,…

La función de la metodología es permitirnos dosificar los estímulos según las características individuales y los medios disponibles, por lo que la influencia familiar, escolar o de amistades debe ser tenida en cuenta. Incorporar a los padres y otros agentes influyentes como “compañeros de viaje” es una labor que debe ser asumida y potenciada por toda AE.

Por otro lado, desde nuestra percepción pedagógica, no podemos seguir dando prioridad a los “contenidos estándar” a partir de la “descomposición del Fútbol” hasta desnaturalizarlo, por lo que se propone una adecuación de los contenidos a partir del aprendiz, según el nivel de desarrollo de cada cual y considerando el binomio “individuo-­‐contexto” como inseparable pues el aprendizaje es específico a lo que se aplica. Pensemos que, por ejemplo, un grupo de niños de 11 años pueden tener características significativamente diferentes de otro grupo de la misma edad de la siguiente temporada, por lo que los contenidos estándar no serían adecuados.

Se propone, además, considerar que todo proceso pedagógico y metodológico debe conllevar una acción de interiorización, de mejora individual que siempre será más eficaz cuando la relación entre aprendiz y formador esté impregnada de un componente “emocional”, lo cual nunca será posible si sólo se “imponen tareas” o se “estandarizan contenidos”. La participación y la estimulación de la reflexión sobre los contenidos y la práctica es esencial para garantizar un alto nivel de aprendizaje.

En esta línea es importantísimo que el responsable se convierta en un “Doble-­‐O” (Obsesivo Observador) más que un constante “dictador” de órdenes a reproducir por los aprendices. Estar constantemente dirigiendo el “hacer” del aprendiz llevará inevitablemente a formar jugadores de tipo “entrenador-­‐

dependientes”, mientras que desde nuestra propuesta se pretende conseguir formar jugadores que “SEAN soluciones” sobre el terreno de juego, lo cual no puede alcanzarse reprimiendo la libertad de acción de la que emerja la creatividad, la imaginación (que no significa que cada cual haga lo que le venga en gana).

Es por ello que no pueden existir procesos metodológicos de calidad sin disponer de responsables pedagógicamente formados que dominen este tipo de procesos, puesto que la formación de un SER en desarrollo exige saber tanto o más de aspectos personales, formativos, pedagógicos y metodológicos que de la materia a enseñar. En este sentido no podemos conformarnos con considerar como totalmente válidos a “expertos en Fútbol” para desarrollar procesos formativos aunque éstos sean del ámbito futbolístico. Eliminemos la “adulteración” del Fútbol de Formación y no caigamos en el error de creer que los mejores para estar en las AE son los “exjugadores” mediáticos o famosos, los entrenadores de más nivel, etc. No cabe duda que un exjugador que haya tenido un interés grande en formarse adecuadamente podría ser más apto que otra persona bien formada en lo pedagógico pero que no disponga de su experiencia vital.

Por último, recordar que “aprendizaje” y “rendimiento” no son iguales. Podemos mostrar un “rendimiento” alto en ocasiones y no disponer de un sólido “aprendizaje”, mientras que un “aprendizaje” fuerte nos asegurará un “rendimiento” cada vez mejor y más estable. Desgraciadamente no tenemos paciencia para estimular el óptimo aprendizaje y caemos demasiado a menudo en la trampa del rendimiento. Aplicamos “atajos metodológicos” que nos lleven cuanto antes a un rendimiento a corto plazo.

El aprendizaje sólido necesita “tiempo”, pero es la vía más segura para que el aprendiz no acumule déficits de desarrollo. Más aún, sólo con un aprendizaje “fuerte” se puede llegar a asumir el compromiso del propio aprendizaje y mejora continua, asegurando que esta dinámica perdure toda la vida.

Podemos decir que el “proceso metodológico” que elijamos y apliquemos será el principal factor de influencia sobre la calidad final de la formación, por lo que entendemos que es la principal herramienta de la que disponemos para asegurar la óptima formación del aprendiz a través del máximo control de calidad del PVDI.

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